LMDS (Local Multipoint Distribution System) ofrece, por su parte,
unas prestaciones muy similares a las presentadas por los sistemas de cable,
pero con las ventajas propias de los sistemas radioeléctricos. Entre
ellas, se puede mencionar su menores costes de inversión inicial y tiempo
de despliegue (varios meses, frente a cuatro o cinco años de una red
HFC), así como las necesidades de obra civil sensiblemente inferiores
(no es necesario levantar calles ni abrir zanjas para introducir el cableado,
ni pedir los permisos pertinentes). Además, las inversiones se pueden
acometer de forma proporcional al número de clientes: el mayor coste
está en los equipos de usuario, que se van añadiendo a medida
que se abonan al sistema, con lo que el riesgo en la inversión es menor.
Asimismo, se trata de sistemas fácilmente escalables, ya que para aumentar
su capacidad basta con añadir los transmisores necesarios, y permiten
cubrir fácilmente zonas remotas o de difícil acceso, convirtiéndose
así en un complemento ideal de los sistemas cableados en áreas
dispersas o muy alejadas que no son rentables.
Pero no todo son ventajas en LMDS. El hecho de que aún
no exista un estándar está retardando las economías de
escala, y el operador se ve obligado a amoldarse a sistemas propietarios que
no siempre serán compatible con otros sistemas o equipos. Por otra parte,
la necesidad de línea de visión directa en los sistemas de alta
frecuencia supone un problema en las ciudades, y obliga a situar repetidores
adicionales para evitar las zonas de sombra. Igualmente, si bien son más
económicos que los sistemas de cable, en zonas rurales escasamente pobladas
pueden suponer un desperdicio del ancho de banda, con el consiguiente aumento
de costes. Es decir, que son más baratos relativamente, por lo que seguirá
habiendo zonas que económicamente no compense cubrir mediante LMDS.